A Avelino Pérez, ese gran poeta al que conocí íntimamente, ya que tuve la infinita suerte de ser su hijo…
Quisiera comenzar estas líneas con unos de los versos mas bonitos que nunca he leido (y he leído una infinidad), unos versos que mi padre, mi papá, escribió en uno de los muchos poemas que dedicó a mi madre.
Porque se que te gustan mis versos,
En las alas de mi inspiración
pongo fuego de ardiente pasión,
claridades de cielos abiertos
y ternuras de mi corazón…
Al compás de la dulce armonía
de los versos que cantan amores,
gustarás inefables sabores
embriagada de aquella ambrosía
que, al pisarlas, desprenden las flores.
El poema continúa y es un gran canto de amor a su compañera, mi madre, con la que compartió la mayor parte de su vida hasta que hace diecisiete años la muerte se la llevó de sus brazos. Y en estos diecisiete años, nunca la olvidó. Ahora la misma muerte nos ha dejado huérfanos de su magnífica presencia y nos duele a mi hermana, que lo mimó y cuidó hasta que, en sus brazos llenos de amor, exhaló el último suspiro. Y me duele a mí, que no estuve presente por vivir en otra ciudad y ser tan rápido el desenlace. Y nos duele a todos los que lo hemos conocido, tanto en persona, como a través de sus escritos y poemas.
Fue un hombre admirable en todos los sentidos. Su alegría por estar entre los suyos contrastaba con la alegría de poder compartir su humanidad y cultura con todos los que se acercaban. Nunca, nadie tuvo una frase de resquemor o desprecio hacia su persona, porque nunca dio motivos para ello. El me enseñó a leer. LEER con mayúsculas. No heredé su genialidad ni su facilidad para versificar, pero si que heredé el gran don de la lectura y me traspasó su amor por los libros.
Nos intentó educar, con suavidad pero con mano firme, en el respeto a los demás. Fue nuestro guía cuando negros nubarrones no nos dejaban ver el camino, y espiritualmente fue un firme creyente que nos regaló toda su fe. Ahora estará con su querida esposa, mi querida madre, paseándose por los cielos abiertos, cantándole versos llenos de amor y gustando inefables sabores…
Hasta que no me hice mayor, no supe de su amor perico… pero no se extrañen… Yo salí culé. Y como no quiso imponerme nada, me dejó libertad hasta que un buen día me lo explicó. Pero no se equivoquen., me enseñó a respetar, y dentro de ese respeto entraba todo, incluso el fútbol. Tal vez por eso, mi segundo equipo sea el RCD Espanyol. Aún lo recuerdo, viendo un partido Sabadell-R.Madrid (entonces yo era del Sabadell) con un arbitraje lamentable, se me ocurrió insultar al árbitro con uno de los fuertes. Y mi padre, mi papá, con esa suavidad con la que hablaba, me puso su mano en mi hombro y me dijo: “Mira, hijo mío, nunca dejes que la pasión te nuble la mente. Ese señor también tiene familia y seguramente un hijo como tu al que querrá como yo te quiero a ti… Y si quieres que te respeten, empieza por respetar… No olvides que el amor y el respeto son fundamentales para vivir con dignidad.”
Y nunca lo olvidé.
Por ese motivo soy un culé atípico. Parte de mi corazón es perico.
Podría explicar tantas y tantas anécdotas, pero necesitaría escribir todo un libro y este no es el caso… Aunque algún día a lo mejor me decido.
Por eso a mi no me extrañan todos los comentarios que se han escrito sobre él. Por eso me enorgullece ver y leer todo el amor y respeto que esa gran familia perica le tenía,
Me siento orgulloso de ser su hijo y aunque nunca llegaré a las cotas que el llegó, lo intentaré con todas mis fuerzas. El me ha marcado el camino y solo hay que seguirlo.
Quiero agradecer todos y cada uno de los artículos publicados y cada una de las cartas enviadas por los lectores porque, dentro del dolor que tenemos mi hermana y yo, nos reconforta y nos llena de esperanza el ver que una parte de Él vive y perdura en cada uno de ustedes.
Permítanme despedirme con unos versos de León Felipe, de la comunidad leonesa como Avelino, que expresan toda mi impotencia al no poder plasmar por escrito todo lo que yo siento:
“¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas de hoy cantan!
Gracias a todos por hacernos la vida más menos dolorosa,
Miguel Ernesto Pérez Velasco y familia.

